Son episodios agobiantes, pero pueden pasarse sin más. Lo grave es dejar que las crisis se cronifiquen. Puede ocurrir en el paradero de buses, en un supermercado, en el teatro, en un concierto, en casa o en cualquier otro lugar. No hay ninguna amenaza a la vista, pero el corazón se acelera, la respiración se hace dificultosa y aumenta la sensación de falta de oxígeno. Súbitamente y sin razón alguna, uno se siente aterrorizado. Es el inicio de un ataque de ansiedad (o de pánico), un episodio que sufren dos de cada diez personas por lo menos una vez en su vida. No es fácil distinguir sus síntomas, pero es importante hacerlo porque ayuda a superarlo. Siendo tan alto el porcentaje de personas que, como testigos o protagonistas, ha pasado por este trance, deberíamos estar más que familiarizados con los síntomas. Los ataques de ansiedad se puede describir como algo similar a una madeja a la que uno le ha perdido el hilo: confusión total. "El hecho de que irrumpa sin previo aviso n...